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Vuelta por el Universo

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Archivo de agosto de 2009

Desde todo Chile buscamos estrellas y astrónomos

Si bien en el Norte de Chile se han instalado los principales observatorios del Hemisferio Sur, el estudio del Universo se realiza a lo largo de nuestra larga y angosta faja de tierra.

Nuestros ojos y los de muchos países están en el Norte. Pero por ser locales corremos con ventaja: investigadores nacionales tienen reservado el 10% de tiempo de observación en los telescopios.

Ahora, si miramos el Universo con aires nortinos ¿en qué regiones se están analizando esos datos y construyendo conocimientos?, ¿cuáles son las universidades que forman a los astrónomos del futuro?

Si bien nuestra historia de la Astronomía comienza en Santiago, con la implementación de observatorios y grupos de investigación a cargo de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile, el interés por esta ciencia se ha expandido por el mapa. Revisaremos los principales espacios de formación y estudio, comenzando este recorrido en el Sur.

Descubriendo el cielo desde el Bío Bío

Aprovechando las condiciones que nuestros cielos entregan para estudiar el Cosmos, el Grupo de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Concepción, es creada en 1995, cuando Ronald Mennickent, actual Jefe de Carrera, concluye su doctorado y asume el desafío.

“En Concepción trabajamos temas de vanguardia, como escala de distancias extragaláctica, cúmulos estelares, núcleos galácticos activos, materia oscura y estrellas binarias interactuantes”, señala Mennickent.

En 14 años el grupo se ha consolidado como uno de los más sólidos del país, participando en varios proyectos de investigación y publicando artículos científicos en revistas especializadas cada año. Concepción ha creado y fortalecido su propio Departamento y carrera de Astronomía, que hace uso del telescopio docente, y que proyecta la creación de un postgrado en la materia.

“El grupo de la Universidad de Concepción ha sido fundamental en lograr la creación del Centro FONDAP de Astronomia en 2002, junto a profesionales de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica en Santiago”, señala Wolfgang Gieren, Director del Departamento de Astronomía de esta casa de estudios.

Como ejemplo de este trabajo en conjunto indica “la reciente creación del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines CATA, en que profesionales de Santiago y Concepción están desarrollando un intenso programa de investigación en Astronomía y de construcción de instrumentación especializada”.

En el corazón del Norte

Un año después del nacimiento del grupo del Bío Bío, se abre el  Instituto de Astronomía (IA) de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica del Norte, en la ciudad de Antofagasta. Un equipo que se ha centrado en la investigación, aprovechando la cercanía a grandes complejos astronómicos y que, además, difunde a la comunidad y colegios las maravillas del Cosmos.

Desde el IA, Eduardo Unda-Sanzana, astrónomo, destaca la relevancia de la Astronomía, no sólo para los científicos, sino como patrimonio regional. Construir condiciones para la observación del Universo “es algo que debe impregnar a cada habitante de la zona, pues es clave para la preservación y explotación racional del recurso gratuito que son estos cielos. Todo esto depende de un trabajo de divulgación sostenido en el tiempo, y esa es la misión que estamos asumiendo”.

En la Región de Coquimbo, se instala en el año 2000 el Grupo de Astrofísica de la Universidad de La Serena, que conduce la Dra. Amelia Ramírez.

Frente a la pregunta de si es diferente la Astronomía que se hace en Santiago a la de otras regiones, Amelia señala que la diferencia con los grupos de Santiago se relaciona con el tiempo de vida del grupo y de la autonomía de la universidad que los alberga, pero que en infraestructura, estudiantes, capacidad de hacer ciencia y publicar son similares.

La Quinta Región es el lugar más reciente donde se ha instalado un grupo de investigación. Desde el año 2004, la Universidad de Valparaíso decide impulsar el estudio de la Astronomía, pasando a formar en 2006 el Centro de Astrofísica de Valparaíso, donde se desempeñan 7 académicos y 7 post doctorados.

En los 3 años de funcionamiento, este joven grupo ha generado 57 publicaciones ISI y 45 no ISI. Además de la ejecución de proyectos Fondecyt regulares, ALMA-Conicyt, GEMINI-Conicyt y Comité mixto ESO – Gobierno de Chile.

Al preguntar cuáles son las áreas de investigación del CAdV, señalan que, entre otras, estudian estrellas binarias y discos protoplanetarios; cúmulos estelares; vientos estelares; lentes gravitatorias; y enanas marrones. Su principal logro ha sido su fuerte sinergia y el inicio de nuevas colaboraciones internas y externas durante los primeros años.

Un desafío para Chile

En algo que todos y todas coinciden es la necesidad de formar más personas para aprovechar las condiciones de observación en Chile, donde el 10% del tiempo de telescopios se reserva a científicos de nuestro país.

Douglas Geisler, de la Universidad de Concepción, resume esta necesidad señalando que Chile tiene una posición única en el mundo con acceso a los mejores telescopios, pero faltan profesionales para aprovechar esta oportunidad. Teniendo más tiempo, naturalmente el nivel de las investigaciones que ganan tiempo de observación va aumentando y la Astronomía nacional va creciendo. Hay que duplicar o triplicar el número de astrónomos”.

Fotografía año 2006, con fundadores del Centro de Astrofísica de Valparaíso:
N. Vogt, J. Borissova, V. Motta, R. Kurtev, M. Curé, M. Schreiber.
CAV.jpg

ameliaramirez-fotouserena.JPG Mientras los grupos de Astronomía de Santiago se han consolidado en universidades de larga trayectoria en generación de conocimiento, en regiones (sobre todo en universidades estatales) han ido surgiendo junto a las primeras iniciativas de desarrollo científico de la universidad, generando no sólo investigación, sino los espacios institucionales para ello.

Amelia Ramírez, Universidad de La Serena

Los astrónomos chilenos contamos con una ventaja incalculable: la tecnología de punta que está a nuestra disposición para hacer historia. Es posible que los descubrimientos más trascendentes de la Astronomía de este siglo se lleven a cabo en Chile, porque jugamos en las ligas superiores en términos de equipamiento científico y posibilidades de progreso.

Ronald Mennickent, Universidad de Concepción

Dr. Ronald Mennickent Cid.JPG
eunda.JPG En el caso de la II Región, la creación de una cultura astronómica tendrá un fuerte impacto económico. A pesar de contar con los cielos más limpios del mundo, casi no existe una industria astroturística, la cual tiene un gran potencial en la región. La industria de servicios asociados al funcionamiento e instalación de observatorios ofrece también otra posibilidad de crecimiento económico para esta zona del país.

Eduardo Unda Sanzana, Universidad Católica del Norte

Concepción marcó un hito en la historia de la Astronomía en Chile, ya que formó un grupo fuerte, muy activo y consolidado fuera de Santiago, hecho que abrió paso a que algo similar pudiera ocurrir en otras partes de Chile.

Wolfgang Gieren, Universidad de Concepción

Dr. Wolfgang Gieren.JPG

Juego de pelota: Un gol a la eternidad

anillofutbol.jpg juego-de-pelotas.jpg Cuando los españoles llegaron a América y presenciaron el juego de pelota, pensaron que era simplemente entretención y un interesante espectáculo. Tanto llamó su atención que, en 1541, llevaron a un par de jugadores hasta España, para mostrarlos ante la Corte.

No entendieron la trascendencia de un juego que, además de divertir a los participantes y espectadores, representaba el movimiento de los astros en el cielo, simbolizados en una pelota de hule que era impulsada por los pies.

Las canchas del juego de pelota se distribuían desde la zona central de México, hasta Honduras y El Salvador.  Esta actividad se practicó desde el año 2.000 a.c. y, a pesar de eso, a través del tiempo se mantuvieron ciertos elementos comunes al edificar los campos de juego.

Estos se construían en forma de I, con un patio central rectangular, con dos cabezales a los extremos. Los marcadores se encontraban en los límites del patio, los que debían golpearse con la pelota. También había unos aros, similares a los de basquetbol, pero ubicados en forma vertical, que medían escasos centímetros más que el balón, por lo que era casi imposible hacerlo pasar por ese anillo.

A través de este juego, en que se enfrentaban dos equipos, uno de los cuales representaba las fuerzas de la luz y el otro las de la oscuridad, se buscaba mantener el movimiento del Sol en el Cosmos, lo que aseguraba la existencia del mundo y del ser humano.

Y ¿era muy diferente al actual fútbol? Sí, en esta práctica los equipos iban desde una persona hasta siete, quienes podían golpear la pelota  con la cadera, las rodillas y los codos. Además de lo difícil que implicaba no usar manos ni pies, también era peligroso, ya que el balón pesaba 4 kilos ¡Diez veces más pesado que uno de fútbol!

Por lo tanto, no era nada fácil ser un buen jugador, de modo que los mejores lograban fama y relevancia social, algo similar a lo que ocurre con los futbolistas en nuestros días.

Sin embargo, y debido a la antigüedad del juego, las reglas y características de éste fueron cambiando hasta el día de hoy, en que aún se practica en algunas comunidades indígenas de México y Guatemala.

Bibliografía

Descifrar el cielo, la astronomía en Mesoamérica, Federico Guzmán y ángel Campos, Ediciones El Naranjo, 2007, México.

Un astrónomo con historia en las venas

IMG_9691.jpg Mientras varios jóvenes ríen y se distraen en una feria de diversiones, un estudiante de ingeniería de 20 años, hojea libros en Ahumada con Bandera, en un Santiago convulsionado, al igual que todo el mundo, por la carrera espacial. Es el año 1969 y este joven aún no sabe que tendrá una brillante carrera de astrónomo.

José Maza aún conserva el libro “El Universo y el Hombre”, comprado en una de esas librerías en el centro de Santiago, uno de los que abrieron su imaginación y le acercaron a las interrogantes del Universo, en el mismo año en que el ser humano pisaba la Luna.

Astrónomo por casualidad

José Maza, astrónomo y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999, entró a la Universidad de Chile, y cursó hasta tercer año de ingeniería eléctrica, pero dos hechos se conjugaron para que conociera la Astronomía y se decidiera por ella: la apertura de la carrera en su Universidad y los circuitos eléctricos.

“Siendo absolutamente honesto, no fue la fascinación por la Astronomía lo que me motivó a tomar la decisión, sino el tedio por Teoría de Circuitos. Cuatro o cinco reglas que me hicieron aplicar en miles de problemas, era como hacer tiburones o como problemas gimnásticos. La Astronomía era más desafiante”, señala José Maza.

Este científico, inquieto y amante de los libros, tiene otra gran pasión que le caracteriza: la pasión por la Historia. Junto a él revisamos algunos hitos de la Astronomía en nuestro país.

El hombre que vino del Norte

La historia oficial de la Astronomía en Chile comienza en 1849, cuando el Teniente James Gilliss, de la marina norteamericana, llegó a nuestro país a realizar mediciones de la escala de distancias del Sistema Solar. Junto con él viajaban varios instrumentos, que se quedaron en nuestro país.

José Maza nos relata el comienzo de esta aventura: “Gilliss necesitaba dos puntos en el planeta lo más alejados posible, para medir la distancia de la Tierra a Marte. Tenía uno en Washington y se dio cuenta que la costa Este de Estados Unidos, coincidía con el meridiano de Chile. Vino con la idea de establecerse en Chiloé, lo más al Sur posible, pero cuando llegó a Santiago le mostraron los datos de meteorología y se dio cuenta que era más sensato quedarse en la zona central”.

En agosto de 1852 el Gobierno de Chile funda el Observatorio Astronómico Nacional, con el instrumental y la infraestructura del Teniente Gilliss y contrata al alemán Carlos Moesta, como su primer director. Se instaló en el Cerro Santa Lucía, pero luego se trasladó a la Quinta Normal y estuvieron ahí medio siglo, hasta 1910. Después se mudó al paradero 34 de Gran Avenida y desde 1960 el observatorio está instalado en Cerro Calán.

Rutllant, el cazador de telescopios

José Maza destaca, entre muchos que aportaron a la Astronomía nacional, a Federico Rutllant, director del Observatorio Astronómico Nacional entre los años 1950 y 1964.

“En 1957 fue el Año Geofísico Internacional, y Federico Rutllantfue invitado a Washington para dar unas conferencias. Cuando estaba alla, leyó que la Universidad de Chicago pensaba poner un telescopio en Sudáfrica, en conjunto con la Universidad de Texas. Entonces Rutllant fue a Chicago a hablar con el director y le dijo que tenia que ir a Chile porque el cielo era mucho mejor, estaba mucho más cerca que Sudáfrica y el vuelo era más directo”.

El alemán Jurgen Stock fue el encargado de visitar Chile y determinar dónde se instalaría el telescopio. Cuando entraron al Valle del Elqui y se encontraron con el Tololo, quedaron fascinados. Un viaje en mula hacia la cumbre marcó el comienzo del protagonismo de Chile en la Astronomía mundial.

José Maza relata que, en el intertanto, “Rutllant convenció a la gente de Carnegie para que mandaran un radiotelescopio y lo pusieron en Maipú, el primero de Sudamérica. Después habló con los rusos y el 12 de octubre del año 1962 llegó una misión soviética a Cerro Calán, con 4 telescopios y unos 10 astrónomos rusos. Luego llegaron los europeos que andaban siguiéndoles la pista a los americanos. Después, de otra rama de la Carnegie Institution, el observatorio de Monte Wilson, vino y se puso en Las Campanas. Y de ahí partió todo esto y ya no lo para nadie”.

Cómo han pasado los años, las vueltas que da la ciencia

Enfundado en una parka que cubría todo el cuerpo, bototos,  calcetines y gorro de lana, José Maza fabricaba hielo seco. Estaba observando en el Tololo y esa parka le parecía una gran novedad, “como un traje de astronauta”, explica. En esa época, década del 70,  las formas de investigar el Universo tenían mucho de artesanía.

Muchas de las tareas cotidianas se hacían a mano: “tomaba unas fotos y tenía ahí miles de estrellas, las analizaba con un microscopio, viendo el diámetro de todas las estrellitas con unos fotómetros. Y el otro gran detector era la célula fotoeléctrica. Iba al observatorio con un fotómetro fotoeléctrico, fabricaba hielo seco con un tubo de anhídrido carbónico hasta que se empezaba a formar hielito y después se ponía alrededor del fotómetro, una cajita que estaba toda protegida en plumavit”.

Se observaba toda la noche, apuntando el telescopio y registrando los datos en papel. Todo ese trabajo hoy ha sido reemplazado por las computadoras, además de la automatización de los procesos. En la actualidad los telescopios se controlan desde una sala de control o incluso remotamente. Hay imágenes que se reciben directamente en las computadoras de quienes investigan.

Los anteojos más grandes de la Historia

Estados unidos gastó 3.000 millones de dólares para poner un telescopio en el espacio (Hubble) y por un problema puntual, de descoordinación, pulieron el espejo del telescopio espacial en forma perfecta pero con la figura equivocada. Cuando lo lanzaron al espacio y lo enfocaron las imágenes eran bastante malas, se asemejaban a la forma de un huevo frito, con un núcleo que contenía un 15 por ciento de la luz y una aureola tremenda que era 10 veces más grande que lo adecuado, que contenía el 85 por ciento de la luz.

Los astrónomos empezaron a pensar cómo podían reconstruir las imágenes a partir de esas fotografías borrosas. Una misión de astronautas viajó al espacio y le puso una óptica correctora, como si fueran anteojso. Y con eso solucionaron el problema de miopía del telescopio espacial.

Pero ese software que desarrollaron para poder ver detalles de una imagen borrosa, tenía aplicaciones en medicina y empezaron usarlo en el análisis de mamografías, donde lo más importante es descubrir con la mayor antelación posible la formación de pequeños nódulos y quistes. Si con las técnicas normales se descubrían cuerpos de un milímetro hacia arriba, aplicando este procesamiento de la imagen y una limpieza de la misma, llegaron a descubrir tumores que eran 4 veces más chicos de lo que permitía el análisis convencional.

Algo que se hizo para la dinámica astronómica, se usa hasta el día de hoy, para analizar mamografías.

A maravillarse con todo

“La Astronomía, como todas las disciplinas, están ahí para que uno se enamore de ellas”, dice José Maza y continúa con un anhelo: “me encantaría que los niños y las niñas de Chile supieran que todo es posible, es cuestión de proponerse una meta y trabajar duro para lograrla”.

Por ejemplo, continúa, “la Astronomía tiene muchas cosas que son atractivas intelectualmente, las nubes de Magallanes las vemos como eran 170 mil años atrás, es decir, no había llegado Colón a América, no había nacido Cristo y la luz que estamos viendo ahora, ya había salido. ¡La galaxia de Andrómeda esta a 25.000.000 años! Uno se puede maravillar pensando en eso”.

“Hay que andar la vida mirando flores, no pisando flores; entender que todas las cosas o seres tienen importancia y, además, son fuente de conocimiento. Yo pensé que para saber había que estudiar tomo a tomo la Enciclopedia. Y claro, es fuente o inspiración, pero lo que uno tiene que mirar es la naturaleza. No hay nada que reemplace tener la experiencia y uno ir sacando sus propias conclusiones”, concluye este astrónomo enamorado de la Historia.

“Si la Tierra hubiese estado siempre nublada, la historia sería distinta”

Si Johannes Kepler no hubiese estudiado la trayectoria del planeta Marte, no podríamos volar en aviones. Gracias a Kepler, Isaac Newton elaboró las leyes físicas necesarias para muchos descubrimientos e inventos que sentaron las bases de la Revolución Industrial.

“Si hubiese estado siempre nublado la historia no sería la misma y quizás no tendríamos automóviles. La rueda se inventó hace mucho tiempo, tal vez tendríamos carromatos, tirados por caballos, no habríamos aprendido a pavimentar las calles, no habríamos construido edificios, viviríamos en casitas bastante precarias”, explica José Maza.

La Astronomía, añade, ha sido un estímulo para desarrollar nuevas técnicas, tecnologías, herramientas matemáticas o análisis de problemas físicos, que después se aplican: “La Astronomía está ahí, el cielo está ahí y el conocimiento siempre tiene un efecto multiplicador”.

Un aventurero más allá de nuestro Sol

dante_0534.jpg Embarcado en una ambiciosa misión, el astrónomo Dante Minniti es parte de quienes buscan planetas más allá de nuestro Sistema Solar. Donde muchas personas ven estrellas, colores y oscuridad, él visualiza la posibilidad de encontrar, más allá de nuestro Sol, un planeta parecido a la Tierra.

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Las “constelaciones” en el cielo nocturno mapuche

Astronomía según nuestros antepasados II

En la “astronomía” mapuche, es decir, en los relatos que se conocen del cielo nocturno aparecen palabras en mapuzungun, asociadas a estrellas, planetas (estrellas grandes), la Vía Láctea y a algunos fenómenos astronómicos como los eclipses. También las “constelaciones” pero no como las registra el mundo occidental sino como las “observa” el mundo mapuche.

Chawün Achawal o junta de pollitos en el mundo mapuche representan a las Pléyades del Sur.

Cuando un miembro de la comunidad, sobre todo los que conservan el conocimiento, mira la Cruz del Sur en el cielo, ejemplifica Gabriel Pozo, estudiante de doctorado en “Sociedades Americanas” en la U. Complutense de Madrid y autor del la tesis “Acercamiento a un estilo de Astronomía Mapuche”, lo que ve es la Pünon Choyke o huella de avestruz junto a una lukay (boleadora lanzada) que corresponden a la Cruz del Sur  y las estrellas Hadar (beta) y Rigil Kent (alfa) de Centauro, respectivamente.

Para crear la “constelación” Pünon Choyke (huella de avestruz) los mapuches utilizan las mimas estrellas que componen la Cruz del Sur. Para crear la “constelación” Pünon Choyke (huella de avestruz) los mapuches utilizan las mimas estrellas que componen la Cruz del Sur. Para crear la “constelación” Pünon Choyke (huella de avestruz) los mapuches utilizan las mimas estrellas que componen la Cruz del Sur.

Al principio del mundo un mapuche cazó un avestruz y tiró las boleadoras pero erró. Si hubiese alcanzado al avestruz, los mapuches no errarían nunca. Esto fue escrito en el cielo para que los mapuches lo recuerden siempre”, dice un relato entre un antropólogo y un miembro de la comunidad.

El grupo de estrellas jóvenes, Las Pléyades, son representadas por los mapuches por un grupo de papas (wüchul poñü). El grupo de estrellas jóvenes, Las Pléyades, son representadas por los mapuches por un grupo de papas (wüchul poñü).

Al igual que como sucede en la mayoría de las sociedades precolombinas, “las constelaciones” mapuches conocidas e identificadas en relatos y en el idioma mapuzungun, se encuentran alrededor del Wenu Lewfü (camino del cielo o Vía Láctea). La mayoría de las interpretaciones, en tanto, que hace el mundo mapuche de las estrellas, según Pozo, están asociadas a escenas de la vida en comunidad.

“Existen narraciones donde aparece que en el cielo se ‘dibuja’, por ejemplo, una escena de caza muy común en el mundo antiguo mapuche: en ella se ve el choyke (avestruz) y el luan (guanaco) escapando de lükay o boleadoreas”. Este instrumento fue ampliamente usado por esta comunidad en la época en que la avestruz, era en efecto, su principal alimentación.

Unos tiran para allá, otros para acá. Esta es la traducción de la constelación welu wixaw compuesta por las “Tres Marías”. Unos tiran para allá, otros para acá. Esta es la traducción de la constelación welu wixaw compuesta por las “Tres Marías”.

También han sido identificadas, por diferentes trabajos de autores, otras “constelaciones” como el chawün achawall (reunión de pollitos), rügagko (ojos de agua) que representan lo que conocemos como las Nubes de Magallanes y el welu wixam (tira y afloja). Esta última constelación corresponde a las tres estrellas que conforman el cinturón de Orión (tres marías) y otras tres ellas cercanas. La figura, cuenta Pozo ,representa un juego ancestral de los mapuches, llamado welu wixam: dos hombres tiran una cuerda que sujetas con su cuello y hombro  cada uno hacia su lado.

La “constelación” luan (Guanaco) está formada por las siguientes estrellas del Centauro: épsilon (la cabeza), épsilon-dseta (cuello), dseta-mi (el dorso), mi-ni (cola) dseta-eta (extremidad anterior), eta-zeta (extremidad superior). La “constelación” luan (Guanaco) está formada por las siguientes estrellas del Centauro: épsilon (la cabeza), épsilon-dseta (cuello), dseta-mi (el dorso), mi-ni (cola) dseta-eta (extremidad anterior), eta-zeta (extremidad superior).

Finalmente en el relato mapuche también aparecen las wüchul poñü (papas agrupadas), que corresponde a las Pléyades.  Pozo escribe en su tesis: “Las wüchul powü indican el inicio del año mapuche; una semana antes de que aparezcan en el cielo, el mar comienza a dar fuertes sonidos, como golpes, indicando que van a aparecer.

Chawün Achawal o junta de pollitos en el mundo mapuche representan a las Pléyades del Sur. Chawün Achawal o junta de pollitos en el mundo mapuche representan a las Pléyades del Sur.
Las boleadoras o lükay componen un grupo de constelaciones reconocidas en el mundo mapuche como la escena de caza. Las boleadoras o lükay componen un grupo de constelaciones reconocidas en el mundo mapuche como la escena de caza.

María Teresa Ruiz ofrece importante discurso en la mayor reunión astronómica mundial

11 de agosto de 2009

La Dra. Ruiz -académica de la Universidad de Chile, Premio Nacional de Ciencias y Directora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA)- es el primer astrónomo chileno que tiene el honor de presidir uno de los “Discursos Invitados”.

Este martes 11 de agosto la astrónoma de la Universidad de Chile, María Teresa Ruiz protagonizará uno de los cuatro Discursos Invitados de la XXVII Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI), evento que se realiza cada tres años.

Se trata de la primera vez que un astrónomo chileno posee el honor de presidir uno de estos discursos. El tema que la Dra. Ruiz hablará en el gran auditorio del nuevo Centro de Convenciones “América del Sur” es: “¿Son importantes las estrellas de baja luminosidad?”.

Además de María Teresa Ruiz, Directora del Centro Basal de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), este año dieron discursos invitados Franco Pacine, del Departamento de Astronomía de la Universidad de los Estudios de Florencia (Italia); James F. Bell III, del Departamento de Astronomía de la Universidad de Cornell (EE.UU.) y Simon D.M. White, del Instituto de Astrofísica Max Planck (Alemania).

Resumen de la charla: En un viaje a través del lado más oscuro de la materia, encontraremos un zoológico de objetos que lo habitan, como enanas rojas ultra heladas y subenanas, enanas café y más allá. En una visita al universo oscuro también encontraremos uno de los tipos de objetos más extravagantes, que son los remanentes masivos y sólidos de las estrellas más antiguas que una vez poblaron la galaxia. ¿Cuáles son las últimas noticias respecto a estos objetos estelares oscuros y las funciones de sus masas, edades, historia y luminosidad? ¿Cómo este conocimiento está afectando nuestra visión del universo? ¿Nos interesa?

¿Qué es la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI)?

El pasado 3 de agosto comenzó en Río de Janeiro (Brasil), la XXVII Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional (UAI). Este evento de casi dos semanas (termina el viernes 14 de agosto) es la reunión más importante de los astrónomos: congrega a unos 2.500 de estos profesionales más el público general.

Para más información: www.astronomy2009.com.br/index.html

Wenu Mapu: el Universo según los mapuches

cosmo.jpg Astronomía según nuestros antepasados parte I

En el mundo mapuche no existen instrumentos clásicos de observación del Universo. Tampoco es posible encontrar un registro “formal” del conocimiento acumulado sobre el wenu mapu (lo que está arriba). Por lo mismo, para entender cuál es la visión que esta comunidad ha tenido sobre la astronomía, es necesario alejar la información que los estudios científicos nos entregan del Universo.

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