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Cuando los españoles llegaron a América y presenciaron el juego de pelota, pensaron que era simplemente entretención y un interesante espectáculo. Tanto llamó su atención que, en 1541, llevaron a un par de jugadores hasta España, para mostrarlos ante la Corte. |
No entendieron la trascendencia de un juego que, además de divertir a los participantes y espectadores, representaba el movimiento de los astros en el cielo, simbolizados en una pelota de hule que era impulsada por los pies.
Las canchas del juego de pelota se distribuían desde la zona central de México, hasta Honduras y El Salvador. Esta actividad se practicó desde el año 2.000 a.c. y, a pesar de eso, a través del tiempo se mantuvieron ciertos elementos comunes al edificar los campos de juego.
Estos se construían en forma de I, con un patio central rectangular, con dos cabezales a los extremos. Los marcadores se encontraban en los límites del patio, los que debían golpearse con la pelota. También había unos aros, similares a los de basquetbol, pero ubicados en forma vertical, que medían escasos centímetros más que el balón, por lo que era casi imposible hacerlo pasar por ese anillo.
A través de este juego, en que se enfrentaban dos equipos, uno de los cuales representaba las fuerzas de la luz y el otro las de la oscuridad, se buscaba mantener el movimiento del Sol en el Cosmos, lo que aseguraba la existencia del mundo y del ser humano.
Y ¿era muy diferente al actual fútbol? Sí, en esta práctica los equipos iban desde una persona hasta siete, quienes podían golpear la pelota con la cadera, las rodillas y los codos. Además de lo difícil que implicaba no usar manos ni pies, también era peligroso, ya que el balón pesaba 4 kilos ¡Diez veces más pesado que uno de fútbol!
Por lo tanto, no era nada fácil ser un buen jugador, de modo que los mejores lograban fama y relevancia social, algo similar a lo que ocurre con los futbolistas en nuestros días.
Sin embargo, y debido a la antigüedad del juego, las reglas y características de éste fueron cambiando hasta el día de hoy, en que aún se practica en algunas comunidades indígenas de México y Guatemala.
Bibliografía
Descifrar el cielo, la astronomía en Mesoamérica, Federico Guzmán y ángel Campos, Ediciones El Naranjo, 2007, México.