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Desde pequeño, el astrónomo estadounidense Douglas Geisler se asombró con las estrellas: “de niño tenía esta curiosidad, me encantaba contemplar el Universo y me preguntaba ¿cómo empezó todo y cómo va a terminar?, ¿de dónde venimos?”. Con los años, Geisler estudió Física, carrera en la que tomó un curso de Astronomía, disciplina que le fascinó y que fue la responsable de que hoy se encuentre trabajando en la Universidad de Concepción. |
¿Por qué vino a trabajar a Chile?
Las oportunidades en Chile son realmente únicas, partiendo por sus cielos estrellados, que han atraído a megaobservatorios. Además, por encontrarse en territorio nacional, los astrónomos chilenos tienen derecho al 10% de tiempo de observación. Eso es oro para la ciencia.
La Astronomía en Chile está creciendo enormemente, algo que no ocurre en otros países.
¿Por qué cree que es importante estudiar el Universo?
Nosotros somos PARTE del Universo, una parte muy especial, que es capaz de hacer preguntas y buscar respuestas. En el fondo, estamos estudiándonos a nosotros mismos, nuestro origen, evolución y destino. Por otro lado, debemos todo al Universo, los átomos en nuestros cuerpos fueron hechos por estrellas.
El futuro de Chile está en las estrellas
Douglas Geisler reitera que nuestro país está en una posición privilegiada para investigar el Universo, pero que formar nuevos recursos humanos es fundamental.
¿Por qué es importante formar más astrónomos y astrónomas en Chile?
Chile está en una posición única en el mundo por el tremendo acceso a los mejores telescopios en el mundo. Pero faltan astrónomos para sacar provecho de esta oportunidad. Teniendo más astrónomos, naturalmente el nivel de las investigaciones que obtienen tiempo de observación va aumentando y la Astronomía nacional va creciendo. Para esto, Chile debe duplicar o triplicar el número de astrónomos.
¿Qué características debe tener un astrónomo? ¿Qué se le podría decir a un niño o niña que quiera dedicarse a observar el Universo?
Una curiosidad innata, una mente científica, abierta pero cautelosa, un deseo para conocer los infinitos secretos del Universo. Los niños deben aprender todo lo que pueden sobre ciencia, matemática, química, etc. También hay que destacar que los chilenos tienen una oportunidad ÚNICA para hacer Astronomía de punta, con los telescopios más grandes y mejor equipados del mundo.
Desde Concepción: Cuestionando la Teoría del Big Bang
En la capital del Bío Bío se encuentra la única sede universitaria en que se enseña Astronomía. El Doctor Douglas Geisler señala que: “el Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción está jugando un rol muy importante en el desarrollo nacional. Aparte de la docencia y formación de una nueva generación de astrónomos, estamos involucrados en varios proyectos nacionales de Astronomía, en particular el Centro de Astrofisica FONDAP y el Centro de Astrofisica y Tecnologias Asociadas”.
Y desde Concepción también se están generando importantes descubrimientos que cuestionan la Teoría del Big Bang: “junto con un equipo de colaboradores nacionales e internacionales, hemos descubierto que, en su aplicación a la formacion de galaxias, requiere modificación.
La teoría predice que galaxias como la nuestra se debe formar a través de asimilaciones de muchas galaxias más chicas. Pero resulta que hay diferencias importantes en la composición química entre estos prototipos y nuestra Vía Láctea. Así que hay que ajustar la teoría”, concluye.
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El año 2003 fue clave en la historia científica del astrónomo y Doctor en Física Ronald Mennickent: con un grupo de colegas descubrieron un nuevo fenómeno en un conjunto de estrellas de las Nubes de Magallanes. Les denominaron Estrellas Variables Doble Periódicas. Esta es una de sus inquietudes actuales. |
En la capital de la Región del Bío Bío, el estudio del Universo tiene un destacado espacio gracias al Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción. Uno de sus fundadores es Ronald Mennickent que, en 1994 pasó a formar parte del cuerpo de profesores de la casa de estudios penquista.
¿Qué anda buscando ahora en el Universo?
En estos momentos investigo las estrellas doblemente periódicas, un grupo de objetos que descubrimos en las Nubes de Magallanes en el año 2003 y que hoy estamos estudiando intensamente. Nuestra hipótesis de trabajo es que estas estrellas binarias interactuantes son motores de eyección de masa al medio interestelar, lo que hacen casi periódicamente.
De esta manera ellas enriquecen el medio interestelar, inyectando los elementos químicos que, con el tiempo, llegarán a formar nuevas estrellas. Nuestro estudio tendrá impacto en la comprensión de la evolución de estrellas binarias a través de procesos no conservativos, es decir de pérdida de masa y momento angular.
¿Cuál es su área de investigación?
Dentro de la evolución estelar, mi tema es el de estrellas variables, específicamente sistemas binarios interactuantes, estrellas cataclísmicas, estrellas Be y otros fascinantes objetos.
Durante mi investigación estudio las etapas de la vida de una estrella que la muestran como un objeto variable en su luz y propiedades. También investigo cómo dos estrellas se influencian mutuamente durante su evolución, debido, en parte, a su cercanía y a varios procesos de interacción como los vientos estelares, campos magnéticos, chorros de gas y discos de acreción.
“El motor de cualquier ciencia es la curiosidad humana”
Además de sus labores de docente e investigador, Mennickent trabaja en la divulgación científica y recientemente lanzó su libro “Estrellas que cambian su brillo en el tiempo”, que trata sobre las modificaciones en las llamadas estrellas variables.
Entonces ¿cómo podemos transmitir que es importante estudiar el Universo?
El motor de cualquier ciencia es la curiosidad humana. La inquietud que nos lleva a interrogarnos acerca de lo que existe, y que nos permitió salir de las cavernas y llegar hasta el mundo de hoy.
El estudio del Universo nos permite plantearnos, de manera seria, preguntas que antes permanecían en el terreno de la ciencia. Hoy los potentes telescopios y detectores astronómicos nos muestran nuevos mundos y pronto estaremos investigando acerca de la posibilidad de vida en planetas semejantes al nuestro.
¿Por qué cree que es importante divulgar la Ciencia y la Astronomía en particular?
Lo veo como parte de nuestra misión como científicos; el compartir nuestra visión profunda de la naturaleza de una manera didáctica, entretenida, lúdica y con lenguaje sencillo y cotidiano a la gente no especializada.
De esta manera contribuimos al desarrollo cultural de la sociedad, a plasmar en la gente un sentimiento de asombro, reverencia y respeto por la naturaleza, a que entiendan nuestro lugar en el cosmos.
La divulgación de la ciencia contribuye a desarrollar el pensamiento racional, que nos separa de los animales. El sistema pregunta-respuesta, el método científico, la apreciación crítica de la realidad son sólo algunos de los ejemplos en que la divulgación científica puede ayudar a un mejor pensar. En este sentido la ciencia y sus preguntas operan con funciones superiores de nuestro órgano más poderoso y misterioso, el cerebro.
¿Y cuáles son las preguntas que hoy se hacen quienes investigan el Cosmos?
Las grandes interrogantes tienen que ver con la existencia de materia oscura, que abunda en los espacios galácticos y la comprensión de la energía oscura, que permite la aceleración del Universo. Estos dos son a mi juicio los temas más candentes de la Astronomía moderna y de seguro el que los resuelva ganará un premio Nobel. Otro tema igualmente fascinante es el estudio de planetas extrasolares.
“La Astronomía chilena puede jugar en las ligas superiores”
Las condiciones para desarrollar la Astronomía en Chile son ventajosas, dice este astrónomo, señalando que es necesario formar investigadores, porque: “contamos con facilidades únicas a nivel mundial y el tiempo de telescopio accesible a los científicos y científicas que trabajan en nuestras universidades irá aumentando con el tiempo”.
Esta posibilidad de observar el cielo con herramientas de primer nivel, es una ventaja incalculable, agrega Mennickent, porque “es tecnología de punta, de millones de dólares y pocas ciencias tienen esa ventaja hoy en Chile, de jugar en las ligas superiores en términos de equipamiento científico y posibilidades de desarrollo”.
Pensando en esta necesidad ¿Qué características debe tener un niño o niña que quiera dedicarse a estudiar el Universo?
Es posible que los descubrimientos más trascendentes de la Astronomía de este siglo se lleven a cabo en Chile, y porqué no soñar que los realicen algunos de los niños y niñas chilenas que hoy se encuentran en edad escolar.
Debe ser una persona con facilidades matemáticas, con una mente lógica y con la capacidad de realizar estudios serios, responsables en el área de la matemática, física y Astronomía.
La Astronomía no es poesía, sino arduo trabajo mezclado, en algunos casos, con fascinación y asombro. Una persona con futuro de astrónomo debería ser sistemática, cuidadosa, creativa. Muchas de estas facetas se adquieren durante años de estudio y formación profesional.
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www.astro-udec.cl
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Mientras varios jóvenes ríen y se distraen en una feria de diversiones, un estudiante de ingeniería de 20 años, hojea libros en Ahumada con Bandera, en un Santiago convulsionado, al igual que todo el mundo, por la carrera espacial. Es el año 1969 y este joven aún no sabe que tendrá una brillante carrera de astrónomo. |
José Maza aún conserva el libro “El Universo y el Hombre”, comprado en una de esas librerías en el centro de Santiago, uno de los que abrieron su imaginación y le acercaron a las interrogantes del Universo, en el mismo año en que el ser humano pisaba la Luna.
Astrónomo por casualidad
José Maza, astrónomo y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1999, entró a la Universidad de Chile, y cursó hasta tercer año de ingeniería eléctrica, pero dos hechos se conjugaron para que conociera la Astronomía y se decidiera por ella: la apertura de la carrera en su Universidad y los circuitos eléctricos.
“Siendo absolutamente honesto, no fue la fascinación por la Astronomía lo que me motivó a tomar la decisión, sino el tedio por Teoría de Circuitos. Cuatro o cinco reglas que me hicieron aplicar en miles de problemas, era como hacer tiburones o como problemas gimnásticos. La Astronomía era más desafiante”, señala José Maza.
Este científico, inquieto y amante de los libros, tiene otra gran pasión que le caracteriza: la pasión por la Historia. Junto a él revisamos algunos hitos de la Astronomía en nuestro país.
El hombre que vino del Norte
La historia oficial de la Astronomía en Chile comienza en 1849, cuando el Teniente James Gilliss, de la marina norteamericana, llegó a nuestro país a realizar mediciones de la escala de distancias del Sistema Solar. Junto con él viajaban varios instrumentos, que se quedaron en nuestro país.
José Maza nos relata el comienzo de esta aventura: “Gilliss necesitaba dos puntos en el planeta lo más alejados posible, para medir la distancia de la Tierra a Marte. Tenía uno en Washington y se dio cuenta que la costa Este de Estados Unidos, coincidía con el meridiano de Chile. Vino con la idea de establecerse en Chiloé, lo más al Sur posible, pero cuando llegó a Santiago le mostraron los datos de meteorología y se dio cuenta que era más sensato quedarse en la zona central”.
En agosto de 1852 el Gobierno de Chile funda el Observatorio Astronómico Nacional, con el instrumental y la infraestructura del Teniente Gilliss y contrata al alemán Carlos Moesta, como su primer director. Se instaló en el Cerro Santa Lucía, pero luego se trasladó a la Quinta Normal y estuvieron ahí medio siglo, hasta 1910. Después se mudó al paradero 34 de Gran Avenida y desde 1960 el observatorio está instalado en Cerro Calán.
Rutllant, el cazador de telescopios
José Maza destaca, entre muchos que aportaron a la Astronomía nacional, a Federico Rutllant, director del Observatorio Astronómico Nacional entre los años 1950 y 1964.
“En 1957 fue el Año Geofísico Internacional, y Federico Rutllantfue invitado a Washington para dar unas conferencias. Cuando estaba alla, leyó que la Universidad de Chicago pensaba poner un telescopio en Sudáfrica, en conjunto con la Universidad de Texas. Entonces Rutllant fue a Chicago a hablar con el director y le dijo que tenia que ir a Chile porque el cielo era mucho mejor, estaba mucho más cerca que Sudáfrica y el vuelo era más directo”.
El alemán Jurgen Stock fue el encargado de visitar Chile y determinar dónde se instalaría el telescopio. Cuando entraron al Valle del Elqui y se encontraron con el Tololo, quedaron fascinados. Un viaje en mula hacia la cumbre marcó el comienzo del protagonismo de Chile en la Astronomía mundial.
José Maza relata que, en el intertanto, “Rutllant convenció a la gente de Carnegie para que mandaran un radiotelescopio y lo pusieron en Maipú, el primero de Sudamérica. Después habló con los rusos y el 12 de octubre del año 1962 llegó una misión soviética a Cerro Calán, con 4 telescopios y unos 10 astrónomos rusos. Luego llegaron los europeos que andaban siguiéndoles la pista a los americanos. Después, de otra rama de la Carnegie Institution, el observatorio de Monte Wilson, vino y se puso en Las Campanas. Y de ahí partió todo esto y ya no lo para nadie”.
Cómo han pasado los años, las vueltas que da la ciencia
Enfundado en una parka que cubría todo el cuerpo, bototos, calcetines y gorro de lana, José Maza fabricaba hielo seco. Estaba observando en el Tololo y esa parka le parecía una gran novedad, “como un traje de astronauta”, explica. En esa época, década del 70, las formas de investigar el Universo tenían mucho de artesanía.
Muchas de las tareas cotidianas se hacían a mano: “tomaba unas fotos y tenía ahí miles de estrellas, las analizaba con un microscopio, viendo el diámetro de todas las estrellitas con unos fotómetros. Y el otro gran detector era la célula fotoeléctrica. Iba al observatorio con un fotómetro fotoeléctrico, fabricaba hielo seco con un tubo de anhídrido carbónico hasta que se empezaba a formar hielito y después se ponía alrededor del fotómetro, una cajita que estaba toda protegida en plumavit”.
Se observaba toda la noche, apuntando el telescopio y registrando los datos en papel. Todo ese trabajo hoy ha sido reemplazado por las computadoras, además de la automatización de los procesos. En la actualidad los telescopios se controlan desde una sala de control o incluso remotamente. Hay imágenes que se reciben directamente en las computadoras de quienes investigan.
Los anteojos más grandes de la Historia
Estados unidos gastó 3.000 millones de dólares para poner un telescopio en el espacio (Hubble) y por un problema puntual, de descoordinación, pulieron el espejo del telescopio espacial en forma perfecta pero con la figura equivocada. Cuando lo lanzaron al espacio y lo enfocaron las imágenes eran bastante malas, se asemejaban a la forma de un huevo frito, con un núcleo que contenía un 15 por ciento de la luz y una aureola tremenda que era 10 veces más grande que lo adecuado, que contenía el 85 por ciento de la luz.
Los astrónomos empezaron a pensar cómo podían reconstruir las imágenes a partir de esas fotografías borrosas. Una misión de astronautas viajó al espacio y le puso una óptica correctora, como si fueran anteojso. Y con eso solucionaron el problema de miopía del telescopio espacial.
Pero ese software que desarrollaron para poder ver detalles de una imagen borrosa, tenía aplicaciones en medicina y empezaron usarlo en el análisis de mamografías, donde lo más importante es descubrir con la mayor antelación posible la formación de pequeños nódulos y quistes. Si con las técnicas normales se descubrían cuerpos de un milímetro hacia arriba, aplicando este procesamiento de la imagen y una limpieza de la misma, llegaron a descubrir tumores que eran 4 veces más chicos de lo que permitía el análisis convencional.
Algo que se hizo para la dinámica astronómica, se usa hasta el día de hoy, para analizar mamografías.
A maravillarse con todo
“La Astronomía, como todas las disciplinas, están ahí para que uno se enamore de ellas”, dice José Maza y continúa con un anhelo: “me encantaría que los niños y las niñas de Chile supieran que todo es posible, es cuestión de proponerse una meta y trabajar duro para lograrla”.
Por ejemplo, continúa, “la Astronomía tiene muchas cosas que son atractivas intelectualmente, las nubes de Magallanes las vemos como eran 170 mil años atrás, es decir, no había llegado Colón a América, no había nacido Cristo y la luz que estamos viendo ahora, ya había salido. ¡La galaxia de Andrómeda esta a 25.000.000 años! Uno se puede maravillar pensando en eso”.
“Hay que andar la vida mirando flores, no pisando flores; entender que todas las cosas o seres tienen importancia y, además, son fuente de conocimiento. Yo pensé que para saber había que estudiar tomo a tomo la Enciclopedia. Y claro, es fuente o inspiración, pero lo que uno tiene que mirar es la naturaleza. No hay nada que reemplace tener la experiencia y uno ir sacando sus propias conclusiones”, concluye este astrónomo enamorado de la Historia.
| “Si la Tierra hubiese estado siempre nublada, la historia sería distinta”
Si Johannes Kepler no hubiese estudiado la trayectoria del planeta Marte, no podríamos volar en aviones. Gracias a Kepler, Isaac Newton elaboró las leyes físicas necesarias para muchos descubrimientos e inventos que sentaron las bases de la Revolución Industrial.
“Si hubiese estado siempre nublado la historia no sería la misma y quizás no tendríamos automóviles. La rueda se inventó hace mucho tiempo, tal vez tendríamos carromatos, tirados por caballos, no habríamos aprendido a pavimentar las calles, no habríamos construido edificios, viviríamos en casitas bastante precarias”, explica José Maza.
La Astronomía, añade, ha sido un estímulo para desarrollar nuevas técnicas, tecnologías, herramientas matemáticas o análisis de problemas físicos, que después se aplican: “La Astronomía está ahí, el cielo está ahí y el conocimiento siempre tiene un efecto multiplicador”.
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Que otras niñas y otros niños puedan maravillarse, como ella, con el cielo estrellado y sus misterios. Es uno de los objetivos del trabajo de Mónica Rubio, Directora del Programa de Astronomía de CONICYT. |
¿Cuáles han sido sus mayores satisfacciones como astrónoma?
Usar instrumentos de tecnología de punta y realizar investigaciones con ellos. También he podido conocer muchos países, ya que me han invitado a dictar conferencias a ciudades que, de otra manera, yo no hubiese conocido. Los lugares remotos donde se ubican los observatorios, son lugares que me producen un tremendo placer, difruto de la transparencia del aire, del silencio, de las puestas de sol.
¿Por qué estudió Astronomía?
Me encantaba mirar el cielo. Cuando estaba en el colegio veraneaba en el campo, en una zona muy oscura y las estrellas se veían muy lindas y siempre me gustaba observar y preguntarme qué eran estos puntitos brillantes que había en el firmamento.
¿Por qué para Chile es tan importante la Astronomía?
Para Chile es importante la Astronomía por una particularidad que no la definimos nosotros, es una condición natural, ya que en nuestro norte se encuentran los mejores lugares para hacer observación astronómica, por el número de noches despejadas y por la transparencia de la atmósfera. Si los cielos de Chile no fueran excepcionales y únicos, no sería, como es actualmente, el país que tiene la mayor cantidad de observatorios internacionales.
¿Hay una política para incentivar la instalación de observatorios internacionales?
Con la creación del Programa de Astronomía de CONICYT se decide tomar el desarrollo de la Astronomía como un área estratégica a desarrollar por el país, y en ese sentido se están dando todas las facilidades e impulsos para traer nuevos observatorios a instalarse en nuestro país.
Desde los años 60 existe una legislación en Chile que permite a los observatorios internacionales operar exentos de impuestos, otorgándoles privilegios e inmunidades equivalentes a las que tienen los cuerpos diplomáticos. Este incentivo es único en el mundo.
Hay otros dos lugares en el mundo, en el hemisferio norte, donde hay una concentración de observatorios internacionales y ninguno de ellos ofrece estos privilegios y prerrogativas para operar en sus territorios.
Y de estos impulsos implementados por el programa de Astronomía de CONICYT ¿cuáles le gustaría nombrar?
Lo más importante en este momento es la administración de dos fondos concursables que ascienden, en total, a un millón de dólares, que permiten potenciar las instituciones chilenas que hacen Astronomía. Ha sido el instrumento que facilita que instituciones de regiones comiencen a trabajar en esta área y que las tradicionales aumenten el número de profesionales trabajando en Astronomía. Hoy día tenemos que, en 10 años, se ha triplicado el número de investigadores. En este momento, son del orden de 60 a 70 astrónomos profesionales trabajando.
¿Cómo se cuida el cielo, que ha sido calificado como un patrimonio?
Este patrimonio lo estamos cuidando de varias maneras, en particular hay una disposición de la CONAMA para impedir que los cielos tengan contaminación lumínica. Y eso con una normativa para que todas las ciudades y pueblos cercanos donde están los observatorios astronómicos tengan que iluminar hacia el suelo y no hacia arriba.
También hay normativas de la Subsecretaría de Telecomunicaciones para permitir el desarrollo de la Radioastronomía, protegiendo ciertas bandas de emisiones de ondas de radio, sobre todo en la segunda región. Además, CONICYT tiene la concesión de 37000 hectáreas del Llano de Chajnantor, para potenciar ahí la creación de un parque astronómico.
¿En ese lugar se construye ALMA?
El parque astronómico de Atacama rodea a ALMA, pero son independientes. Somos vecinos, por eso mismo toda esta región está declarada como reserva científica por un decreto presidencial y CONICYT tiene la obligación de proteger este territorio de la contaminación lumínica, la contaminación de radio y también de potenciales explotaciones de índole minera, geotérmica y de agua que pudieran impedir el desarrollo de la observación astronómica desde ese lugar.
¿Y se planifica que se asienten observatorios en estas 37.000 hectáreas?
Sí, de hecho hay tres proyectos más que se están instalando en ese lugar. Uno que es el Tokio Atacama Observatory, que va a ser el observatorio más alto del mundo, a 5800 metros de altura. Después Atacama Cosmic Telescope, que está un poco más bajo y después está el CCAT (Cornell Caltech Atacama Telescope) que va a construir un telescopio de 25 metros de diámetro y que va a estar ubicado a 5600 metros de altura. El plan para este telescopio es que esté construido por el año 2015. Es un proyecto muy novedoso y muy desafiante desde el punto de vista tecnológico.
¿Cuales son los desafíos de la Astronomía?
Es tan vasto el Universo y lo que cada uno quisiera investigar, que cada quien tiene sus propios desafíos. A mí, en particular, lo que me motiva en este momento es tratar de entender el proceso por el cual las estrellas se forman y cómo ellas interactúan con el lugar donde nacen.
Porque las estrellas, así como nosotros, nacen, viven y mueren y la formación de una estrella es un proceso muy interesante que solamente se puede conocer desde hace unos 30 años, porque ha sido necesario usar técnicas distintas a los observatorios ópticos para investigarlas, como son la Radioastronomía y la Astronomía infrarroja. Yo me he especializado en entender cómo las estrellas emergen de una nube de la cual se forman y después evolucionan, devolviendo material a su alrededor y van “contaminando” ese medio, del cual se vuelven a formar nuevas generaciones. A través del proceso de vida de una estrella es que el Universo, desde los orígenes hasta hoy, se ha ido enriqueciendo de elementos químicos más complejos.
¿Y se sabe cuánto se demora ese proceso de nacimiento?
Justamente es una de las cosas que se investiga. Son procesos cíclicos y recurrentes, se habla del orden de 100 millones de años para que una nube forme estrellas, pero hay estrellas que se forman y que alcanzan a vivir solamente un millón de años y alteran totalmente esta nube, de manera que tiene que cambiar todas sus propiedades y sus condiciones.
En cambio, hay otras estrellas como el sol que viven 9.000 millones de años y no pasa nada, no interactúa de manera muy importante con su alrededor. A mí, en particular, me interesa estudiar ese proceso, el de las estrellas que viven poco pero que son muy luminosas y muy energéticas y que, por lo tanto, alteran el medio ambiente de forma muy importante y muy radical y en ciclos mucho más cortos.
¿Qué se puede aprender de las estrellas sin telescopio?
Hasta antes de Galileo todo el estudio del Universo era a simple vista, ni los griegos, ni los egipcios, ni los babilonios, ni los chinos necesitaron telescopios para conocer el cielo. Simplemente miraron.
Ellos fueron capaces de darse cuenta que la Tierra se movía sobre su eje, que tenia estaciones, que la luna se movía alrededor de nuestro planeta y que estaba relacionada con las mareas, de manera que se hicieron muchos avances.
Se descubrió lo que los griegos llamaron los planetas errantes, que había estrellas “inmutables”, que estaban siempre en la misma posición. Hicieron un mapa del cielo, donde asociaron las estrellas con figuras, veían que había estrellas muy brillantes que resultaron ser los planetas como Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno, que además corresponden a los nombres de los dioses que tenían los romanos. De manera que se ha podido investigar mucho el Universo sin telescopio.
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| Atraído por las posibilidades de hacer investigación especializada en los mejores observatorios, Wolfgang Gieren, astrónomo alemán, llegó a Chile en el año 1990. Hoy es el Director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Concepción, desde donde contribuye a la formación de nuevas generaciones de científicos. |
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Las supernovas fueron nombradas así en el año 1934 por los astrónomos Walter Baade y Fritz Zwicky, quienes distinguieron estrellas más luminosas que otras. Hasta ese momento los nuevos objetos brillantes en el cielo eran nombrados como “novas”, cuenta el astrónomo Mario Hamuy, en la segunda parte de su entrevista. |
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